domingo, 4 de marzo de 2012

¿Por qué enseñar música en las escuelas?

Muchos creen que hacer música es un acto ocioso y están en lo cierto, pero se trata de una sana ociosidad, con múltiples beneficios para todos, y es que para quien haya tenido la oportunidad de estudiar dicho arte, la música:

  • Libera
Porque es un  medio de expresión y comunicación que permite descargar emociones
 expresar sentimientos y canalizar convenientemente la energía.

  • Sensibiliza
 Te permite jugar y sentir con la ingenuidad, disfrute y fascinación de un niño y por tanto te hace más sensible al resto,  hace que el sufrimiento de los demás no sea  algo ajeno, te hace más humano .

  • Hace creador
Al producir música te vuelves creador, experimentas un sentimiento de realización y dominio en un ambiente no competitivo, sino más bien de colaboración, y ello es una fuente de gratificación, al sentirse capaz y productivo. 

  • Universaliza
Es un lenguaje universal  y por lo cual es posible  entender y comunicarse con culturas diferentes , por tanto rompe barreras, te acerca a los demás, respetas y aprendes a apreciar al otro.


En conclusión, la enseñanza musical en la escuela y colegios crearía como por arte de magia mejores personas y una mejor sociedad para todos.

(Inspirado en las enseñanzas del maestro Wilfredo Tarazona)

domingo, 26 de junio de 2011

PUNO BÚSQUEDA. PUNO ENCUENTRO. PUNO DESPIERTO. PUNO ENERGÍA. PUNO GENEROSO. PUNO MAMITA. PUNO HOJITA DE COCA. PUNO POBRE. PUNO RICO. PUNO ALTIVO. PUNO HUMILDE. PUNO TIERRA. PUNO CIELO. PUNO COLOR. PUNO QUIETUD. PUNO EXPRESIÓN. PUNO FUERZA. PUNO VIDA. PUNO SABIO. PUNO CORAZÓN...

sábado, 4 de junio de 2011

Krishna o los deseos

Javier Heraud


                                        A. C. B., interminable amigo.

                                        Keshava, ¿con qué objeto mataría
                                        a los míos? No deseo la victoria,
                                        los reinos ni los placeres.
                                                                         Bhagavad-Gita. I, 31


    I

    No deseo la victoria.
    La victoria es siempre pasajera,
    no queda después  sino la muerte,
    el regocijo, el gozo falso de la vida:
    una hierba caída sobre el hombro,
    un refugio que aguarda su retorno,
    un escondido llanto después de la
    batalla y la victoria.
    Un vaso palpitante,
    un cuerpo en perpetuo movimiento,
    un cenicero vacío eternamente
    son más efímeros que la victoria,
    efímera y vana, cansada y agotante.
    Difícil es remar a  remo suelto,
    difícil llenar el vaso lleno,
    difícil cambiar el tiempo ajeno.
    No deseo la victoria ni la muerte,
    no deseo la derrota ni la vida,
    sólo deseo el  árbol y su sombra,
    la vida con su muerte.
 
    II

    No deseo los reinos.
    Un reino es siempre mensurable:
    tantos metros y distancias,
    tantos bueyes y caballos lo
    separan de otros reinos pasajeros.
    No deseo ningún reino:
    mi único reino es mi corazón cantando,
    es mi corazón hablando,
    mi único reino es mi corazón llorando,
    es mi corazón mojado:
    mi reino es mi seco corazón  (ya lo dije)
    mi corazón es el único reino
    indivisible,
    el único reino que nunca nos traiciona,
    mi reino y mi corazón,
    (ya tengo el corazón)
    no deseo los reinos si tengo mi
    pecho y mi garganta,
    no deseo los valles ni los reinos.
 
    III

    No deseo los placeres.
    No existe el placer sino la duda,
    no existe el placer sino la muerte,
    no existe el placer sino la vida.
    (El mar lavará  mi espíritu en las arenas,
    lo lava todos los días en el recuerdo,
    lo ha lavado con palabras,
    el mar no es un placer sino una vida).
    El mar es el reino de la soledad y el naufragio.
 
    IV

    No deseo sino la vida,
    no deseo sino la muerte.
 
    V

    Descansar en el valle
    que baña el río todas las tardes,
    en las arenas que cubre el mar
    todas las noches,
    en el viento que sopla en los ojos,
    en la vida que alienta ya sin fuego,
    en la muerte que respira el aire lleno,
    en mi corazón que vive y muere diariamente.
                               
    Noviembre, 1960.

jueves, 10 de febrero de 2011

Permacultura Vs Agricultura

La permacultura es un sistema de cultivo que utiliza las cualidades inherentes de las plantas y los animales junto con las características naturales de los diferentes entornos y estructuras. Es una manera respetuosa y beneficiosa de vivir en armonía con con la naturaleza, satisfaciendo las necesidades de todos de una forma adecuada.
En un sistema permacultural se aprovechan todos los recursos del sistema incluyendo los deshechos de plantas y animales. Se utilizan asociaciones particulares de árboles, arbustos y plantas rastreras que se nutren y protegen mutuamente. Se construyen espejos de agua y otros elementos para aprovechar la gran diversidad de actividad biológica entre los ecosistemas.
Si bien la permacultura es un proceso largo y gradual, ésta ofrece un sistema autosostenible  y que a largo plazo requerirá una mínima  intervención del hombre, es el propio sistema ecológico el cual lleva a cabo la mayor tarea y cuyos beneficios tienen un valor incalculable en relación al sistema agrícola actual
Una granja para el futuro
Una Granja para el Futuro es un documental que fue emitido por primera vez en Febrero de 2009, como parte de la serie Natural World de la BBC. Se trata de una historia real, narrada en primera persona por su realizadora Rebecca Hosking, quien se plantea como proyecto de vida el regreso a su Devon natal, para hacerse cargo de la vieja granja familiar de sus padres. Desde su trayectoria profesional de documentalista realizadora varias películas sobre vida silvestre, Rebecca se pregunta cómo hacer para transformar el establecimiento agrícola de su familia localizado en el Sur de Inglaterra, en una granja de bajo consumo energético más adecuada para un futuro cercano, en el que evidentemente los combustibles fósiles serán cada vez más escasos.

sábado, 12 de junio de 2010

Oncidium cajamarcae, damas del sol

Estaba en el zaguán de una antigua casona en Cutervo, domicilio de la señora Esperanza, el patio tenía un jardín al centro y en él habían algunos árboles frutales, de pocas hojas, y sobre ellos orquídeas. Era cerca del mediodía, por lo que el sol caía pleno sobre el jardín y las orquis expuestas al sol abrazador, se mantenían bien verdes y erguidas, algunas incluso con hijuelos en los extremos de lo que en algún momento fueron sus varas florales.

Había llegado hasta allí debido al censo educativo para el cual era monitora en aquella lejana zona cajamarquina, sierra norte del Perú sobre los tres mil metros de altura, lejana no tanto por la distancia a la capital, sino y sobretodo por la ausencia de carreteras decentes para tan hermoso y fértil pueblo . La vieja casona era nuestra sede de trabajo, afortunadamente para mí , que cuando vi las plantas inmediatamente pensé en llevármelas para Lima, si es que doña Esperanza tuviera la amabilidad de cederme algo de su pródiga colección. Y así fue, me dijo que tomara todas las que quisiera, me hice de una tijera, corté un hijuelo de la especie más pequeña y desprendí un bulbo de la más grande. No más, vaya a ser que no se adaptaran en Lima. Cuando me disponía a irme doña Esperanza puso generosamente otras tantas en mis manos .

Ya en Lima, unas más, otras menos, tuvieron una rápida adaptación, después de un largo año pude ver florecer a una de ellas, se llama Oncidium cajamarcae, como bien la identificó mi buena amiga Elma. Al igual que en su tierra de origen y a diferencia de la mayoría de orquídeas a quienes les afecta el sol del mediodía, éstas necesitan de sol directo para florear. Lo hace en racimos, dos veces por año, sus pétalos y sépalos son amarillos con pintas marrones y sirven de marco para la dama dorada, quien viste de amarillo intenso, un labelo de falda y un sencillo tocado en el extremo de la columna y que más bien parece la corona de una princesa venida de otro tiempo. En la misma columna, hacia abajo puede distinguirse unas formas que parecen ser brazos sosteniendo un ramillete de flores blancas.

martes, 23 de febrero de 2010

Por una Lima de Árboles



...Estos árboles tutelares eran como los genios del lugar. Ellos le daban a nuestra calle el aspecto pacífico de un rincón de provincia. Su tupido follaje nos protegía del sol en el verano, nos resguardaba de la polvareda cuando soplaba el viento. Nosotros nos trepábamos a sus troncos como monos. Conocíamos su gruesa corteza por cuyos nudos brotaba una goma olorosa. Sus hojas se renovaban todo el año y caían, rojas, amarillas, plateadas, sobre nuestro jardín. Sus copas, donde cantaban las cuculíes, se veían desde la huaca, desde el mar, porque nuestros árboles eran los más arrogantes de todo el balneario... 


J.R. Ribeyro - Los Eucaliptos



En Lima como en muchas otras zonas del Perú carecemos de una cultura de árboles,  tal vez sea porque se trata de una zona desértica con muy pocas especies, y tal vez responda también a una historia de invasión cultural que acabó con antiguos conocimientos y tradiciones de respeto y agradecimiento a la sabiduría de las plantas. Son más comunes los árboles jóvenes, los alcaldes de turno y los propios ciudadanos preferimos cortarlos antes que verlos desarrollar y alcanzar la plenitud. Es irónico que, a pesar de ser una nación milenaria, nuestros árboles parecen reflejar un pueblo aún joven, que tal vez se resiste a crecer. Un psicoanalista diría que somos castradores de nosotros mismos, de nuestros conocimientos y posibilidades.


Por otro lado, en Lima al menos, hemos dejado de lado las especies nativas para plantar otras foráneas que no lucen bien sin un cuidado atento y sostenido, tal es el caso de palmeras, ficus y chifleras. Originalmente provienen de lugares lluviosos, donde las intensas lluvias lavan sus hojas de manera constante, y por lo mismo, a diferencia de otros árboles, no necesitan renovarlas con frecuencia. Otro ejemplo es la popular tuja, comunemente utilizada como arbolito de navidad, en muchos casos termina quemada después de años de desperdiciar riegos. Pocos, sino nadie, se ha dado cuenta que el ciprés, otra variedad de pino, nos ha acompañado por decenios, adornando algunas zonas, sirviendo de valla en algunos casos, como también adoptando diferentes y creativas formas según el gusto del jardinero. Este magnífico arbolito además tiene el inconfundible valor de su aroma, más intenso en las mañanas y atardeceres.


Pensar en especies que requieran de poco mantenimiento de suelo y agua tendría que ser la voz para nuestra ciudad. Los expertos señalan que dadas las características climatológicas y de polución los árboles que se siembren en Lima tendrían que ser capaces de capturar las partículas contaminadas del ambiente y disminuir el ruido y el polvo.



Tal es el caso del Molle por ejemplo, es una gran fábrica de oxígeno, siendo ideal para lugares de intenso tránsito. Además del añadido de sus propiedades medicinales.






El Jacarandá y la Ponciana, especies introducidas que tan bien han acogido nuestros suelos, capturan las partículas de monóxido y dióxido de carbono convirtiéndolas en carbohidratos y liberando oxígeno.


Además de revestir la ciudad de lindos colores y proporcionar una sombra refrescante en el verano.










Si de estética y plantas introducidas se trata también tenemos a la Tipa, que a finales de año colorea de amarillo sus copas y el suelo en donde tiene la generosidad de caer.


















Por su parte el Huaranguay, especie nativa, resiste fuertes niveles de contaminación siendo ideal para las zonas industriales.



Además de adornar de amarillo el entorno.





















La Tara, otra especie nativa, tolera las sequías, capta el nitrógeno del aire y fertiliza el suelo.






























Qué bonito se ve un arbol añejo como el Huarango.
Sus hojas funcionan como atrapanieblas.
Y su fruto es altamente nutritivo, muy usado por nuestras culturas precolombinas.

Según los cronistas los desiertos al sur de Lima fueron alguna vez bosques impenetrables. Ahora sólo se ven árboles aislados.






























Árboles nativos del Perú que no exigen riego abundante:


  • Molle serrano (Falsa pimienta, Pimienta del Perú, Árbol de la vida, Aguaribay, Cuyash)
  • Huaranguay (Huara huara, Carhuaquero)
  • Ceibo (Palo borracho)
  • Huarango (faique, espino, taque)
  • Palo verde (Azote de Cristo)
  • Floripondio (Campachu)
  • Tara (Espino)




Especies introducidas que toleran escases de agua:


  • Ponciana
  • Jacarandá
  • Tipa (Tipuana tipu)
  • Mioporum
  • Grevillea




Cubresuelo en lugar de césped


El uso de cesped como ornamento no resulta tan productivo como sembrar árboles, mientras que el metro cuadrado de jardín necesita quince litros de agua semanales, un solo árbol necesita doce, y el césped por sí sólo no produce el mismo impacto en el ambiente que los árboles. En todo caso, si lo que se requiere es un cubresuelo el cesped no es la mejor alternativa, hay otros más coloridos y de poca demanda de agua. Tal es el caso del Clavel Chino, La Bougainvillea y la Lantana.


Reemplazar el césped de las avenidas con plantas como Buganvillias o Clavel chino resultaría en una colorida alfombra que podrían subsistir tranquilamente sin necesidad de riego abundante, y ganaríamos en estética en nuestras calles y avenidas.




Bougainvillea peruviana "papelillo" es un arbusto trepador nativo de los bosques secos de la costa norte del Perú.


La Lantana puede funcionar también como un buen cubresuelo.

jueves, 31 de diciembre de 2009

De regreso a casa

…No somos animales que van ascendiendo, somos héroes que descendieron un día y tomaron posesión de un instrumento, del instrumento del cuerpo animal cuando él estuvo maduro para hacer el ensayo de la libertad.
Jorge Carvajal




Hace poco más de un año regresé a la casa familiar, después de ocho años de vivir en un sitio yang, cálido, vital, dinámico, iluminado, a otro más bien ying, sombrío, invernal, húmedo, tranquilo. El regreso trajo consigo no sólo momentos gratos, el reencontrarme siendo parte de una comunidad con estilos de vida que hacía tiempo había cambiado por una vida solitaria y plena para mí fue también una experiencia difícil. Así que una vez instalada empezaron los conflictos. De muy poco me sirvieron la paz y tranquilidad alcanzadas en otros tiempos, los intentos por aplicar lo aprendido no fueron más que manotazos inofensivos ante los titanes de la infancia, muchas veces ocasioné incendios en mis colisiones, equivocando los cubos de agua por gasolina, otras veces preferí conducir en reversa.

Debía volver a la meditación que dejé por tantos meses desde la mudanza. Es por eso que anoche, después de la fiesta corporativa de fin de año, recordé El Sendero del Aprendiz de Jorge Carvajal, un video que hace unos meses atrás encontré en el Youtube, recordé especialmente una leyenda oriental incluida en la ponencia del maestro colombiano acerca del olvido tan característico de los seres humanos en general, y que luego de leer siento que una vez más emprendo el regreso a mi verdadera casa, esa que me permite recuperar mi ritmo respiratorio y sentirme tranquila, equilibrada, estable, dar de mí y recibir en la justa medida. Aquí va el cuento:
En un rincón del cosmos casi perfecto habían unos seres casi perfectos orbitando en torno de un centro de conciencia perfecto, y esos seres que fueron conscientes de que habían otros mundos, empezaron a hablarle a su centro en su lenguaje de conciencia, y le decían: Padre Madre Centro, permítenos regresar a esos universos donde aún existe el espacio y el tiempo, donde aun existe el dolor y el sufrimiento. El centro, alarmado por semejante propuesta, les dice que eso era muy peligroso, que ese planeta tenía un gas terriblemente peligroso, el oxígeno... Pero éstos le insisten de tal manera que él acepta y entonces los equipa con un traje especial compuesto de cinco antenas y siete receptores para que pudiesen orientarse en ese universo, para que pudiesen procesar las frecuencias y pudiesen caminar y dialogar con el entorno y modificarlo también. Y así descendieron al planeta tierra y descubrieron infinidad de colores, formas y sonidos que llenaban sus sentidos. Entre muchas cosas se descubrieron entre ellos, descubrieron el amor en sus pieles, y la pasión en el abrazo, y descubrieron también que cuando uno de sus receptores recibía el roce de otro, se excitaban, y descubren el misterio de la atracción y el misterio del sexo, y empiezan a reproducirse, a tener hijos, y los hijos de los hijos hicieron lo mismo, y conocieron el dolor que aplacaban con más placer, y siguiendo así, los hijos de los hijos de los hijos olvidaron quiénes eran y se confundieron con su cuerpo.


Y eso es lo que somos nosotros ahora -continúa Carvajal-, seres que hemos olvidado que nuestro cuerpo es sólo un traje, que hay alguien más quien ve por nuestros ojos, que hay alguien más quien toca desde nuestra piel, que hay alguien más quien oye en nuestro oír, que siente por nosotros, alguien quien es el sentidor más allá del sentimiento, quien es el pensador más allá del pensamiento. Recordar es retornar a casa, el camino es aquietarse, estar en silencio, hacer nada, entonces se ve la luz al interior, te encuentras en el centro de la rueda de la vida, allí donde la máxima velocidad es la máxima quietud. La rueda se seguirá moviendo a gran velocidad, pero ya no saldrás disparado hacia afuera por la fuerza centrífuga (esa fuerza que a duras penas te alcanza para sostenerte pegado a la rueda de la vida y a la fricción periférica), sino que estarás en tu centro, en el ojo del huracán, en tu propia eternidad interior de donde volverás renacido, y en donde te darás cuenta que la muerte no es lo contrario de la vida…