sábado, 12 de junio de 2010

Oncidium cajamarcae, damas del sol

Estaba en el zaguán de una antigua casona en Cutervo, domicilio de la señora Esperanza, el patio tenía un jardín al centro y en él habían algunos árboles frutales, de pocas hojas, y sobre ellos orquídeas. Era cerca del mediodía, por lo que el sol caía pleno sobre el jardín y las orquis expuestas al sol abrazador, se mantenían bien verdes y erguidas, algunas incluso con hijuelos en los extremos de lo que en algún momento fueron sus varas florales.

Había llegado hasta allí debido al censo educativo para el cual era monitora en aquella lejana zona cajamarquina, sierra norte del Perú sobre los tres mil metros de altura, lejana no tanto por la distancia a la capital, sino y sobretodo por la ausencia de carreteras decentes para tan hermoso y fértil pueblo . La vieja casona era nuestra sede de trabajo, afortunadamente para mí , que cuando vi las plantas inmediatamente pensé en llevármelas para Lima, si es que doña Esperanza tuviera la amabilidad de cederme algo de su pródiga colección. Y así fue, me dijo que tomara todas las que quisiera, me hice de una tijera, corté un hijuelo de la especie más pequeña y desprendí un bulbo de la más grande. No más, vaya a ser que no se adaptaran en Lima. Cuando me disponía a irme doña Esperanza puso generosamente otras tantas en mis manos .

Ya en Lima, unas más, otras menos, tuvieron una rápida adaptación, después de un largo año pude ver florecer a una de ellas, se llama Oncidium cajamarcae, como bien la identificó mi buena amiga Elma. Al igual que en su tierra de origen y a diferencia de la mayoría de orquídeas a quienes les afecta el sol del mediodía, éstas necesitan de sol directo para florear. Lo hace en racimos, dos veces por año, sus pétalos y sépalos son amarillos con pintas marrones y sirven de marco para la dama dorada, quien viste de amarillo intenso, un labelo de falda y un sencillo tocado en el extremo de la columna y que más bien parece la corona de una princesa venida de otro tiempo. En la misma columna, hacia abajo puede distinguirse unas formas que parecen ser brazos sosteniendo un ramillete de flores blancas.

martes, 23 de febrero de 2010

Por una Lima de Árboles



...Estos árboles tutelares eran como los genios del lugar. Ellos le daban a nuestra calle el aspecto pacífico de un rincón de provincia. Su tupido follaje nos protegía del sol en el verano, nos resguardaba de la polvareda cuando soplaba el viento. Nosotros nos trepábamos a sus troncos como monos. Conocíamos su gruesa corteza por cuyos nudos brotaba una goma olorosa. Sus hojas se renovaban todo el año y caían, rojas, amarillas, plateadas, sobre nuestro jardín. Sus copas, donde cantaban las cuculíes, se veían desde la huaca, desde el mar, porque nuestros árboles eran los más arrogantes de todo el balneario... 


J.R. Ribeyro - Los Eucaliptos



En Lima como en muchas otras zonas del Perú carecemos de una cultura de árboles,  tal vez sea porque se trata de una zona desértica con muy pocas especies, y tal vez responda también a una historia de invasión cultural que acabó con antiguos conocimientos y tradiciones de respeto y agradecimiento a la sabiduría de las plantas. Son más comunes los árboles jóvenes, los alcaldes de turno y los propios ciudadanos preferimos cortarlos antes que verlos desarrollar y alcanzar la plenitud. Es irónico que, a pesar de ser una nación milenaria, nuestros árboles parecen reflejar un pueblo aún joven, que tal vez se resiste a crecer. Un psicoanalista diría que somos castradores de nosotros mismos, de nuestros conocimientos y posibilidades.


Por otro lado, en Lima al menos, hemos dejado de lado las especies nativas para plantar otras foráneas que no lucen bien sin un cuidado atento y sostenido, tal es el caso de palmeras, ficus y chifleras. Originalmente provienen de lugares lluviosos, donde las intensas lluvias lavan sus hojas de manera constante, y por lo mismo, a diferencia de otros árboles, no necesitan renovarlas con frecuencia. Otro ejemplo es la popular tuja, comunemente utilizada como arbolito de navidad, en muchos casos termina quemada después de años de desperdiciar riegos. Pocos, sino nadie, se ha dado cuenta que el ciprés, otra variedad de pino, nos ha acompañado por decenios, adornando algunas zonas, sirviendo de valla en algunos casos, como también adoptando diferentes y creativas formas según el gusto del jardinero. Este magnífico arbolito además tiene el inconfundible valor de su aroma, más intenso en las mañanas y atardeceres.


Pensar en especies que requieran de poco mantenimiento de suelo y agua tendría que ser la voz para nuestra ciudad. Los expertos señalan que dadas las características climatológicas y de polución los árboles que se siembren en Lima tendrían que ser capaces de capturar las partículas contaminadas del ambiente y disminuir el ruido y el polvo.



Tal es el caso del Molle por ejemplo, es una gran fábrica de oxígeno, siendo ideal para lugares de intenso tránsito. Además del añadido de sus propiedades medicinales.






El Jacarandá y la Ponciana, especies introducidas que tan bien han acogido nuestros suelos, capturan las partículas de monóxido y dióxido de carbono convirtiéndolas en carbohidratos y liberando oxígeno.


Además de revestir la ciudad de lindos colores y proporcionar una sombra refrescante en el verano.










Si de estética y plantas introducidas se trata también tenemos a la Tipa, que a finales de año colorea de amarillo sus copas y el suelo en donde tiene la generosidad de caer.


















Por su parte el Huaranguay, especie nativa, resiste fuertes niveles de contaminación siendo ideal para las zonas industriales.



Además de adornar de amarillo el entorno.





















La Tara, otra especie nativa, tolera las sequías, capta el nitrógeno del aire y fertiliza el suelo.






























Qué bonito se ve un arbol añejo como el Huarango.
Sus hojas funcionan como atrapanieblas.
Y su fruto es altamente nutritivo, muy usado por nuestras culturas precolombinas.

Según los cronistas los desiertos al sur de Lima fueron alguna vez bosques impenetrables. Ahora sólo se ven árboles aislados.






























Árboles nativos del Perú que no exigen riego abundante:


  • Molle serrano (Falsa pimienta, Pimienta del Perú, Árbol de la vida, Aguaribay, Cuyash)
  • Huaranguay (Huara huara, Carhuaquero)
  • Ceibo (Palo borracho)
  • Huarango (faique, espino, taque)
  • Palo verde (Azote de Cristo)
  • Floripondio (Campachu)
  • Tara (Espino)




Especies introducidas que toleran escases de agua:


  • Ponciana
  • Jacarandá
  • Tipa (Tipuana tipu)
  • Mioporum
  • Grevillea




Cubresuelo en lugar de césped


El uso de cesped como ornamento no resulta tan productivo como sembrar árboles, mientras que el metro cuadrado de jardín necesita quince litros de agua semanales, un solo árbol necesita doce, y el césped por sí sólo no produce el mismo impacto en el ambiente que los árboles. En todo caso, si lo que se requiere es un cubresuelo el cesped no es la mejor alternativa, hay otros más coloridos y de poca demanda de agua. Tal es el caso del Clavel Chino, La Bougainvillea y la Lantana.


Reemplazar el césped de las avenidas con plantas como Buganvillias o Clavel chino resultaría en una colorida alfombra que podrían subsistir tranquilamente sin necesidad de riego abundante, y ganaríamos en estética en nuestras calles y avenidas.




Bougainvillea peruviana "papelillo" es un arbusto trepador nativo de los bosques secos de la costa norte del Perú.


La Lantana puede funcionar también como un buen cubresuelo.